Estado actual de la cooperación bilateral y multilateral en materia de recursos hídricos transfronterizos
Las cuencas transfronterizas concentran alrededor del 60 % de los recursos mundiales de agua dulce. De los 192 países considerados a escala global, 153 comparten 310 ríos y lagos, además de 592 acuíferos. En América Latina y el Caribe, 22 de los 33 países comparten recursos hídricos transfronterizos; sin embargo, solo el 29 % de estas aguas se encuentra cubierto por acuerdos operativos [1]. Entre las principales experiencias de cooperación regional se encuentran:
- Plan Trifinio, forma parte del Sistema de Integración Centroamericano (SICA). Este se centra en mejorar la gestión de los recursos ambientales y del territorio de El Salvador, Honduras y Guatemala. Este plan dio como origen al Tratado de Cooperación entre las Repúblicas y a su vez ha sido el escenario para la creación de planes y programas para la gestión de las aguas compartidas.
- Tratado de Itaipú, en el cual las Repúblicas de Paraguay y Federativa de Brasil se comprometen a la gestión conjunta de las aguas del río Paraná.
- Tratado de Cooperación Amazónica (TCA), suscrito por ocho países amazónicos: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela con la finalidad de preservar el medio ambiente y la biodiversidad de la Amazonía, entre otros.
El Convenio del Agua de Naciones Unidas de 1992
El Convenio sobre la Protección y Utilización de los Cursos de Agua Transfronterizos y de los Lagos Internacionales tiene como objetivo central fomentar la cooperación más allá de la región abarcada por la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa, en aras de que las Partes de este adopten todas las medidas apropiadas para prevenir, controlar y reducir todo impacto negativo a los cursos de aguas compartidos entre dos o más estados (CEPE).
El Convenio fue aprobado en Helsinki (Finlandia) el 17 de marzo de 1992 y no entró en vigor sino hasta el 6 de octubre de 1996. Durante este período, sólo podían adherir al Convenio los Estados miembros de la Comisión Económica de las Naciones para Europa (CEPE) y las organizaciones regionales de integración económica constituidas por estos Estados.
El 30 de noviembre de 2012, se adoptó la decisión VI/3, que establece que los Estados no miembros de la CEPE que tuviesen el interés podrían adherirse al Convenio [2]. Pero no fue sino hasta el 1 de marzo de 2016 que todo Estado miembro de las Naciones Unidas pudo oficialmente presentar su interés en adherirse. En la actualidad alrededor de 58 países de todo el mundo lo han ratificado, adherido, aceptado o aprobado [3].
Posición de la República Dominicana con relación al Convenio
La República Dominicana ha mostrado un especial interés en adherirse al Convenio. En 2022, fue identificada por la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE) como el primer país de América Latina y el Caribe en manifestar su intención de incorporarse a este instrumento internacional [4]. Este interés responde, entre otras razones, a que el Convenio podría contribuir a fortalecer la cooperación en materia hídrica con Haití, país con el que comparte cuatro cuencas: Artibonito, Masacre, Pedernales y Río Blanco o Soliette.
Entre las muestras de interés del Estado se encuentra el haber sido anfitrión del «Taller nacional de información e intercambio sobre la Convención del Agua: proceso de adhesión y prioridades para la República Dominicana». En este espacio se reunieron más de 85 interesados, entre ellos legisladores y entidades estatales para discutir los beneficios de la adhesión [5].
En lo que respecta al proceso constitucional que debe llevarse a cabo para que el país pueda adherirse a convenios internacionales, se reconoce que el 20 de noviembre de 2024 el Tribunal Constitucional declaró conforme con la Constitución, mediante la sentencia núm. TC/0671/24, el Convenio de Aguas de las Naciones Unidas. No obstante, queda pendiente que este sea enviado a las Cámaras del Congreso Dominicano para su estudio, aprobación y finalmente su promulgación desde el Poder Ejecutivo.
Herramientas del Convenio para la cooperación bilateral de las Partes
Entre las principales herramientas que el Convenio pone a disposición de los miembros para mejorar la gestión hídrica de los cursos de aguas compartidos se encuentran: el apoyo internacional de otros miembros que ya muestran resultados positivos y sirven de ejemplo para los nuevos miembros; facilidades financieras; el poder participar en la toma de decisiones dentro del escenario de mayor relevancia en materia gestión del agua dulce compartida; acceso al Comité de Aplicación, órgano que ayuda a la resolución de controversias en materia; entre otras.
Sin duda la adhesión también implica grandes retos, siendo el principal de ellos el que los otros países que comparten el recurso hídrico no muestren el interés en ser parte del Convenio. Es por eso que se recomienda que, al igual que con cualquier acuerdo o convenio de cooperación, se evalúe previo a su adhesión si el mismo brinda más beneficios que retos al país que desee ser parte.