«La educación ambiental es esencial para la sana calidad de vida y el desarrollo sostenible de los países» (Ley de Educación y Comunicación Ambiental).
De acuerdo con la UNICEF (2022), nueve de cada diez niños están expuestos a la crisis climática. Debido a ello, reconocen que es esencial iniciar la educación ambiental desde temprana edad de modo que se pueda fomentar en los niños, niñas y adolescentes una conciencia sobre la problemática ambiental que afecta sus comunidades. Del mismo modo, reconocen la necesidad de motivar a los jóvenes desde temprana edad para que sean actores que impulsen un cambio en el comportamiento social que les permita abordar de manera más sistémica y sostenible los retos ambientales y climáticos a nivel local.
La Conferencia de Estocolmo de 1972 marcó las bases para lo que hoy conocemos como «educación ambiental» a nivel global. Fue entonces cuando el término cobró sentido dentro del contexto no solo de la educación, sino también de la cooperación multilateral al entenderse esta como el camino más seguro hacia la protección del medio ambiente y su biodiversidad.
Desde hace casi 30 años en la República Dominicana se han logrado importantes avances en favor de adecuar la currícula académica para vincular de manera transversal la educación ambiental a la educación dominicana en el marco de asignaturas como matemática, lengua española, ciencias sociales y ciencias naturales.
La Constitución Dominicana de 2010 reconoce como deber del Estado «desarrollar y difundir la cultura dominicana y proteger los recursos naturales del país, garantizando la conservación de un ambiente limpio y sano». Pero, el punto de partida de este recorrido de 30 años se puede marcar desde mucho antes de esta Constitución, con la promulgación de la Ley núm. 66-97 General de Educación, que reconoce, en su artículo 6 literal b), la necesidad que existe de «promover en la población una conciencia de la protección y aprovechamiento racional de los recursos naturales, así como de la defensa de la calidad del ambiente y el equilibrio ecológico».
Con el tiempo fueron surgiendo otros recursos jurídicos que pretenden promover la educación ambiental en el sector formal e informal nacional:
- La Ley núm. 64-00 General sobre Medio Ambiente y Recursos Naturales, del 18 de agosto de 2000, la cual reconoce la necesidad de que el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y el Ministerio de Educación trabajen de manera colaborativa en «llevar a cabo programas de educación ambiental formal y no formal con la participación de instituciones públicas y privadas que realizan actividades educativas».
- La Ley núm. 1-12, que establece la Estrategia Nacional de Desarrollo, del 25 de enero de 2012, que indica en su artículo 10, cuarto eje el objetivo de crear «una sociedad con cultura de producción y consumo sostenible, que gestiona con equidad y eficacia los riesgos y la protección del medioambiente y los recursos naturales y promueve una adecuada adaptación al cambio climático; además, promueve la educación ambiental y el involucramiento de la población en la valoración, protección y defensa del medioambiente y el manejo sostenible de los recursos naturales, entre otros».
- La Ley núm. 94-20, sobre Educación y Comunicación Ambiental, del 4 de agosto de 2020, que reconoce como parte de sus objetivos esenciales la búsqueda de reorientar la currícula para que los contenidos sean significativos para el alumno, su comunidad, el país, así como para la salud del planeta, en su contexto más amplio.
Este compendio jurídico muestra el compromiso nacional que existe de fomentar dentro del sistema educativo dominicano una conciencia colectiva sobre la importancia del buen uso y gestión de los recursos naturales. A su vez, han sido la base para el desarrollo de un sin números de recursos que van desde libros, guías, manuales, material audiovisual, y muchos otros que sirven para la formación del docente y los estudiantes en términos de medio ambiente, sostenibilidad, biodiversidad y cambio climático.
Sin duda vincular la educación ambiental a la educación formal e informal en el país ha resultado de gran valor pues promueve en los niños, niñas y adolescentes una conciencia y sensibilidad hacia algo más allá del ser humano: el ambiente que lo rodea.